Violencia y duelo


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La violencia, en cualquiera de sus formas, es capaz de ocasionar graves daños y dejar prolongadas secuelas tanto en sus víctimas directas como en las personas ligadas (familiares, amigos o testigos).

En estos tiempos complejos, donde persisten los abusos policiales y militares en las calles y en las comunidades populares de Venezuela, pero también donde la crisis político social ha dejado huellas dolorosas por la muerte de un hijo, la tortura de un amigo, la detención de una vecina, la persecución y el hostigamiento por tener determinada ideología política y la intolerancia social, resulta fundamental reconocer no sólo el impacto que estos hechos generan en la salud física y mental de todas y todos, sino también conocer cómo podemos ayudar a otras personas que están sufriendo y que atraviesan por procesos psicoemocionales que generan mucha afectación.

La violencia desborda a la persona y compromete a la familia y al entorno social. Los efectos de la violencia pueden darse simultáneamente en lo somático, lo psicológico, lo moral y lo social en complicadas combinaciones. No es raro que las víctimas hayan sido o aún sean presas del temor, la vergüenza, la desconfianza, la desesperanza y sobretodo la tristeza por algo o alguien que perdieron.

Sobre el duelo

El duelo es el proceso de adaptación emocional por el cual atraviesa una persona ante una situación de pérdida (tras la muerte de un ser querido, la pérdida de un empleo, la ruptura de una relación de pareja, la migración a otro país, entre otros.). El proceso de duelo es un camino difícil de atravesar. Sin embargo, es un proceso vital que todos necesitamos elaborar tras una pérdida significativa para así reconstruir un mundo que quizás se haya hecho pedazos tras esta ausencia. En este camino de gran compromiso físico y emocional, la persona atravesará una multiplicidad de sentimientos; puede sentirse sorprendida, ansiosa, triste, temerosa, enojada, paralizada.

El duelo tiene etapas, características y manifestaciones distintas en cada momento:

  1. Alarma y protesta: aquí aparece la negación de la pérdida. Se experimenta intensa desesperación, hay rabia e inconformidad. Generalmente esta etapa dura momentos o días.
  2. Aturdimiento: la persona parece indiferente como si no sintiera la pérdida, pero es la manera de protegerse del sufrimiento. Dura días o semanas.
  3. Depresión: se experimenta una desorganización, la realidad de la pérdida empieza a asentarse. La persona se muestra apática, desanimada, sin intereses. Aparece la desesperanza y los autoreproches. Dura semanas o meses.
  4. Recuperación y reorganización: se atenúa el dolor, la persona se reincorpora a la vida. Va reapareciendo la necesidad de centrarse en las actividades cotidianas, de abrirse a las relaciones sociales. Dura meses.

Transformando el dolor en vida significante

En la experiencia de la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz, después de la muerte, los familiares de víctimas de violaciones de derechos humanos asumen como sentido vital la búsqueda de justicia. Concentran su pensamiento, acción y emoción en esta tarea, dándole un significado trascendente. Y en algunos casos, en el camino que transitan para el logro de justicia redimensionan su dolor y asumen una actitud positiva para que aquello que ocurrió injustamente no vuelva a ocurrir. De esta forma, pasan de la inmovilización a la movilización, de una actitud pasiva y pesimista a una actitud de activismo, de esperanza, por lograr que no sólo ellos mismos sino otros en su misma condición de víctimas, tengan una vida digna, sin más muertes violentas e injustas. Es decir, que este proceso que les lleva de la indignación y la tristeza a la implicación se convierte en el camino para elaborar los duelos generados por la violencia.

Algunas consideraciones para poder apoyar a las víctimas en duelo

Cuando atendemos a una persona víctima en duelo es importante:

  • Brindar una asistencia respetuosa y solidaria.
  • Que la información suministrada por las víctimas tenga un carácter confidencial.
  • No juzgar o descalificar a las víctimas.
  • Permitir que las víctimas expresen libremente sus sentimientos, respetando su tiempo y sus silencios.
  • No presionar ni obligar a las víctimas a hablar si no lo desean.
  • No restarle importancia o, por el contrario, maximizar la información proporcionada por las víctimas.
  • No plantear prejuicios que culpabilicen a la víctima.
  • Si puede, contacte las redes de apoyo (familia, amigos, grupos de vecinos y otros).
  • Anime a la persona víctima a volver a participar en actividades de grupo.
  • Decirle a la persona víctima que hablar con nosotros de lo que siente y piensa probablemente la ayudará a sentirse mejor.
  • Decirle que la crisis no durará eternamente, en algún momento se superará.
  • Crear vínculos de confianza con la víctima, y así demostrar sensibilidad e interés ante el o los problemas que la aquejan.
  • Dar muestras de aprecio y de calor humano. Las víctimas se encuentran frágiles de espíritu. Un gesto, una mano tendida, un abrazo serán un aliento más para la persona afectada.

 

Artículo de opinión por Diana González Mendoza publicado en Correo del Orinoco 

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