Todas las víctimas importan   ¡Actualizado!


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Al hablar de violaciones a derechos humanos debemos tener claro que no es lo mismo que hablar de delitos. Sin imaginar que unas sean más graves que los otros, tenemos que ser conscientes en que existen características y diferencias fundamentales necesarias que hay que tomar en cuenta para definir ambos términos con exactitud. Los derechos humanos, por un lado, constituyen el conjunto de todas aquellas libertades, facultades, y atribuciones que tenemos como seres humanos, de manera intrínseca y universal, por el solo hecho de existir. Estos derechos han sido consensuados y aceptados por las distintas naciones como la base mínima para el disfrute de una vida digna, independiente de la sociedad en que se viva y de los ordenamientos jurídicos vigentes.

Entonces, se puede decir que las violaciones a los derechos humanos se entienden como una transgresión porque viola las condiciones y facultades más inherentes de la persona; trasciende los ordenamientos jurídicos que rigen al interior de las naciones, adoptando un carácter universal; es atribuible al Estado, es decir, en la medida en que se incumple con estas obligaciones -por acción u omisión-, es el Estado el responsable directo de estas violaciones que generan en las personas una doble afectación individual y social.

En los últimos meses, hemos visto a distintas personalidades del mundo político, voceras y voceros de comunidades populares, vecinas y vecinos y gente que día a día menciona que se les están violando sus derechos o que presenciaron alguna violación de derechos humanos. Los medios de comunicación toman parte desde su deber de informar la cantidad de víctimas reportadas en medio de los conflictos que se han suscitado durante estos últimos cuatro meses. Pero, la pregunta es ¿Quiénes son las víctimas?, ¿cómo se identifica a una víctima?, ¿cómo sabemos si a esa víctima se le violó algún derecho fundamental?

Reconociendo a las víctimas

El reconocimiento de las víctimas, así como la definición integral de las circunstancias que configuran su victimización ha sido tarea difícil en estos tiempos coyunturales, y es que como ciudadana o ciudadano no nos hemos detenido a pensar no solo en aspectos políticos y jurídicos sino en lo social y en lo verdaderamente humano que rodea todo lo que estamos viviendo.

Reconocer que a una persona víctima se le violan sus derechos por su vulnerabilidad ante cualquier situación es saber también que la victimización genera un impacto en quien vive una amenaza, así como en su entorno y la sociedad en general que requiere, para su superación, el actuar de la justicia, la sanción de los responsables y una justa reparación.

Es por todo esto, que los acontecimientos que hemos vivido han generado una especie de desconocimiento por las o los que determinan quiénes verdaderamente son las víctimas, sin llegar a reconocer que todas y todos de alguna manera estamos transformándonos en víctimas de la violencia política, del abuso policial y militar y del descontento al sentir que somos ignorados por no tener alguna militancia política marcada o simplemente por querer subsistir y hacer una vida normal. Es importante mencionar que actualmente, pareciera existir una falsa definición de las personas víctimas ya que hay una necesidad de imponer nuestra propia verdad porque no somos reconocidos ni contados en las estadísticas de cualquier sector que se encuentra en confrontación.

No más utilización de las víctimas

Los derechos humanos se han traducido en una serie de documentos normativos internacionales globales como son la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU (1948) o los Pactos Internacionales (1966) a través de los cuales las distintas naciones han adquirido el compromiso de respetarlos, protegerlos, garantizarlos y cumplirlos. Estos textos cumplen con una tarea fundamental que es la de regular las relaciones Estado-personas entendiendo al primero, precisamente, como la principal institución encargada de proteger a sus ciudadanas y ciudadanos. Entonces, podemos decir que el cumplimiento de estas obligaciones, además de mantener la paz y armonía tiene especial importancia en el bienestar de la colectividad.

En medio de la conflictividad en Venezuela, diversos debates desde los lugares de trabajo, comunidades, barrios y familias surgen en cuanto a la confusión existente en las personas que día a día buscan respuesta de cuándo llegará la paz, si el sufrimiento se irá o simplemente nos acostumbraremos a no reconocer a quienes piensan distinto.  La confusión suele ganar y pareciera que estamos impedidos a identificar el sufrimiento de quienes no vemos iguales a nosotros y de alguna manera obstaculizamos el proceso de reparación y recuperación de todas las víctimas.

Es importante recobrar la paz desde la necesidad de respetar a las autoridades, hacer uso de la denuncia y volver a creer en las instituciones encargadas de investigar, sancionar y reparar sin discriminación porque nosotras y nosotros junto al Estado podemos lograr el cumplimiento del respeto por  los derechos humanos de todas y todos por igual.

Artículo de Opinión publicado en Correo del Orinoco 

Editorial Red de Apoyo 

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