¿Qué implica la educación en derechos humanos?


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La educación en la esfera de los derechos humanos es una parte fundamental del derecho a la educación, por lo tanto en ese sentido se trata de un derecho humano de toda persona y una obligación para todos los Estados. Por otra parte, la educación en derechos humanos tiene un carácter instrumental, ya que para poder ejercer tales derechos es necesario conocerlos y asimilar los valores que hay detrás de ellos. Esta herramienta logra cambios sociales porque se trata de un proceso de aprendizaje en el cual se ponen en juego los valores de la persona, teniendo en cuenta el respeto propio y para con la otra o el otro. Es una práctica que promueve la autoestima y el enriquecimiento personal en espacios llenos de paz, tolerancia y respeto.

La educación en derechos humanos es fundamentalmente una educación en valores, es decir, no se trata simplemente de difundir un catálogo de derechos contenidos en instrumentos nacionales e internacionales, sino de favorecer una cultura que incluya la promoción de la dignidad, la igualdad, la solidaridad y la libertad. El respeto, la no discriminación y la no violencia, son parte importante del bagaje de valores que deben ser promovidos para lograr la plena vigencia de los derechos humanos.

Todas las personas tienen derecho a recibir educación en derechos humanos, es decir, por el hecho de ser derechos deben estar al alcance de todas las personas y no son un patrimonio exclusivo de los profesionales del derecho. En los sistemas de educación formal debe estar presente la educación en derechos humanos, de modo que, en los programas de estudio de educación inicial, básica, media y universitaria contemplen el conocimiento sobre los derechos humanos, no sólo como contenidos de las mallas curriculares, sino como experiencia de vida que se expresen en conductas concretas de docentes y estudiantes.

Generando cambios

Fuera del ámbito de la educación formal también hay espacio para la educación en derechos humanos, pues en las comunidades, los barrios, los grupos de base, mujeres y hombres y organizaciones de todo tipo, hacen posible que se genere intercambio de saberes orientados hacia una cultura de derechos. El enfoque de la educación popular resulta muy útil en este caso, por tanto ofrece herramientas pedagógicas que parten desde las experiencias de las personas que han sido víctimas de violaciones y apunta a la transformación de desigualdades y diversas formas de opresión.

Para las personas víctimas, la educación en derechos humanos tiene un gran significado ya que las experiencias de abuso y vulneración de derechos son muy doloras, dejan profundas heridas en quienes las sufren ya sea de forma directa o indirecta, pero tales experiencias pueden ser resignificadas y transformadas en poderosos testimonios de denuncia y exigencia de reparación. La educación en derechos humanos facilita el empoderamiento de las víctimas, promueve la denuncia y las transformaciones sociales, jurídicas y políticas necesarias para la plena vigencia de los derechos humanos.

El papel de los Estados es primordial

Las autoridades estatales tienen la obligación de formarse en temas de derechos humanos, toda vez que sus actos encarnan la responsabilidad del Estado tanto por acción como por omisión. Siendo así, es necesario contar con programas de capacitación permanente en derechos humanos que sea transversal a las funciones que desempeñan en los órganos e instituciones del Estado.

A casi 70 años de la promulgación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, surgen muchas dudas sobre la capacidad de los derechos humanos para garantizar la convivencia pacífica y el pleno desarrollo de los seres humanos. Los derechos humamos surgieron como respuesta de la comunidad internacional frente a los abusos y excesos cometidos durante la segunda guerra mundial, pero pese a ese propósito no se han logrado evitar las graves violaciones a los derechos humanos en el marco de conflictos armados, genocidios, gobiernos dictatoriales y violencia durante el siglo XX y a inicios del XXI.

Principio y compromiso

Tal vez la respuesta se encuentre en la educación en derechos humanos como principio y compromiso de acción, no sólo desde el punto de vista de los órganos intergubernamentales o las instituciones  estatales, sino como una propuesta desde abajo, desde las comunidades, las organizaciones vecinales, los barrios y las organizaciones de diversos tipos. En pequeña escala, donde los cambios son realmente transformadores, es donde resulta más necesario apostarle a los valores y a las reglas de convivencia que subyacen en los derechos humanos.

Lograr la apropiación de los derechos humanos en el ámbito comunitario, permite que sus valores permeen el tejido social y las estructuras del Estado, generando transformaciones profundas. Producir estos cambios a través de la educación en derechos humanos es un gran desafío, pero con seguridad es un esfuerzo necesario para la construcción de sociedades en las que todas y todos ejerzamos plenamente nuestros derechos y libertades sin distinción.

Rafael Garrido Álvarez en Correo del Orinoco 

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