El nuevo paradigma de seguridad ciudadana


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reddeapoyoEn la actualidad la inseguridad representa uno de los problemas más sentidos de nuestra sociedad al punto que la mayoría de la gente siente la amenaza permanente de ser víctima de robos, atracos, secuestros o cualquier acción parecida. Frente a ello, es natural que las personas reclamen soluciones efectivas por parte de los órganos de seguridad, dentro de las cuales suele predominar el llamado a la “mano dura” para enfrentar a los grupos criminales. Buena parte de estas expectativas se debe a que la inseguridad sentida toca elementos psicológicos muy intensos como el miedo y la impotencia, lo cual produce respuestas caracterizadas por este tipo de planteamientos. Sin embargo, también   estos argumentos reproducen parte del paradigma tradicional de seguridad ciudadana, el cual predominó durante largos años en nuestra sociedad.

 

Es importante resaltar que este paradigma se sustenta en una perspectiva represiva que, en gran medida, llegó a convertirse en una fuente discrecional de violación de derechos humanos al tiempo que tampoco logró resolver los problemas de inseguridad ciudadana. Al respecto nuestra sociedad tiene una larga historia de injusticia y dolor que estuvo también acompañada de una verdadera cruzada de activistas, personas luchadoras y luchadores sociales que, junto con no pocas víctimas, académicos y varias instituciones preocupadas por estos asuntos, asumieron la tarea de construir nuevas formas y nuevos modelos, lo cual hoy está en pleno desarrollo.

 

En el camino de la transformación

Lo que hoy se llama el nuevo paradigma de seguridad representa, en forma muy general, una manera de concebir la seguridad ciudadana que se inspira en el respeto a los derechos humanos, el servicio comprometido y transparente al resguardo de ciudadanas y ciudadanos y la dignificación de las funciones de los cuerpos policiales y de seguridad. Esto no significa, desde luego, que se desconozca el deber que tiene el Estado de hacer uso de la fuerza cuando el caso lo amerite. Sin embargo, hay allí una diferencia fundamental ya que este nuevo paradigma asume un uso diferenciado y progresivo de la fuerza, la cual debe saberse utilizar en forma eficaz y eficiente, pero sin violar los derechos humanos de los presuntos delincuentes. Además, la fuerza no puede convertirse en el elemento exclusivo de la función policial.

 

En otras palabras, el nuevo paradigma implica que quienes ejercen funciones de seguridad policial, deben integrar en sus capacidades el uso de la fuerza junto con otras herramientas que permitan ejercer la autoridad para disuadir, neutralizar, mediar, prevenir y educar.

 

También resaltamos que buena parte del desarrollo de este nuevo paradigma se lleva a cabo en la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad, institución que tiene la compleja tarea de formar a quienes servirán en los diferentes cuerpos de seguridad ciudadana y que ha desarrollado una extraordinaria labor. Pero esta transformación no se agota allí, sino que se deben hacer grandes esfuerzos para que la sociedad en su conjunto cambie actitudes y valores en relación con todo lo que implica la gestión de la seguridad ciudadana.

 

La construcción es primordial

Asimismo, es necesario construir una gestión de seguridad ciudadana que muestre alta efectividad en sus acciones para reducir y neutralizar la criminalidad pero que se integre con políticas de prevención basadas en la comprensión científica de aspectos culturales, psicosociales, económicos y políticos que están asociados de muchas formas con este tipo de problemas. De igual modo, es también imperativo que se profundice en la construcción de unos cuerpos de seguridad que gocen de alta credibilidad y confianza por parte de la ciudadanía, comprometidos con el bien común y el servicio al Pueblo, haciendo realidad el día en que servir en nuestros cuerpos de seguridad ciudadana represente un alto honor y sus funcionarias y funcionarios cuenten con una altísima valoración social.

 

Nada de esto es tarea sencilla ya que, como en todo proceso de transformación, conviven todavía viejas y nuevas prácticas, unas que pugnan por sobrevivir y otras que luchan por terminar de nacer. Creemos que, en ese sentido, es necesario entender justamente la complejidad de estas transformaciones de manera que no se abandone la dirección a la que apuntamos. Esto significa que se debe continuar avanzando y profundizando en los procesos formativos, los cuales deben sustentarse cada vez más en una base científica que le otorguen una sólida validez y que además los proteja de los intentos discrecionales de cambio que suelen sustentarse en criterios casi exclusivamente personalistas.

 

Por otra parte, es también imperativo que se desarrollen campañas con altos contenidos pedagógicos y concientizadores, que vayan mucho más allá de la propaganda y la publicidad, orientadas a generar opiniones, actitudes y conductas en mujeres y hombres de las comunidades con propuestas claros de este nuevo paradigma. Finalmente, resulta oportuno recordad que para lograr estos procesos de cambio se debe contar con líderes y lideresas que posean un alto sentido de integralidad y paciencia, ya que los nuevos paradigmas tardan mucho tiempo en lograr consolidarse.

 

Fernando Giuliani en Correo del Orinoco 

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