31 años de la Red de Apoyo


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Casos como el de Freddy no deben repetirse

Freddy Dugarte fue un joven más que aprendió a correr al escuchar el sonido de una sirena, al ver las botas de algún funcionario policial o de la antigua y llamada recluta que llevaba a los cuarteles militares a muchos jóvenes que al cumplir los 18 años debieron servir a la patria.

En septiembre de 1985, en el barrio Nuevo Horizonte, Freddy fue ejecutado por funcionarios de la Dirección de Servicios de Inteligencia y Prevención (D.I.S.I.P). Tras no acatar una voz de alto, fue herido levemente, pero entregado muerto posteriormente con un tiro de gracia en la nuca.

Las agrupaciones juveniles del barrio y los grupos cristianos de base se organizaron para apoyar al padre de Freddy en la formulación de la denuncia. Desde el 11 de septiembre de ese mismo año, la Red de Apoyo por la Justicia y Paz decidió acompañar a las víctimas y a sus familiares en el intenso camino a la justicia. La Red se sumó a la campaña de cartas emprendida por estos grupos y la Comisión de Derechos Humanos de Maryknoll para exigir justicia; también asumió la denuncia de Freddy Dugarte y el acompañamiento a la familia. Este fue el primer caso de la organización y a partir de allí, al constatar la existencia de numerosas situaciones similares a la de Freddy, la Red de Apoyo centró su trabajo en la defensa del derecho a la vida, derecho a la integridad, libertad y seguridad personal e inviolabilidad del hogar.

La Red de Apoyo por la Justicia y la Paz apoya, acompaña y prioriza el trabajo en los sectores populares porque estos son más del 60 por ciento de la población venezolana que ha sufrido y continúa sufriendo la peor parte de la crisis política, económica y social que afecta al país.

Cuando hablamos de pobres entendemos que estos no son sólo los que no tienen, sino los que no tienen cómo tener y por estas razones son los más desprotegidos ante una virtual violación de sus derechos. Son los más vulnerables por su bajo nivel de instrucción, por su dificultad para acceder a los servicios de justicia y por su necesidad de subsistencia.

Desde hace 31 años trabajamos en la defensa de los derechos de estas personas que se encuentran en constantes situaciones de vulnerabilidad y hoy, seguimos viviendo medidas represivas dirigidas a estos sectores, el abuso desmedido y el comportamiento inhumano y degradante de algunos cuerpos policiales y militares en contra de jóvenes de escasos recursos. Situación que nos hace seguir reclamando a diario que casos como el de Freddy no deben repetirse.

Lamentablemente seguimos atendiendo a familiares de víctimas que sus seres queridos han sido ajusticiados, torturados, maltratados o los han detenido arbitrariamente y por ello exhortamos al Ministerio Público y los órganos de administración de justicia a ejercer su compromiso con estas víctimas de establecer responsabilidades y reparar el daño.

La familia de Freddy nunca consiguió respuesta del por qué asesinaron a su hijo, mucho menos sanción para los responsables.

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Comunicación / Red de Apoyo por la Justicia y la Paz 

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